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Artículo de Beatriz Vignoli sobre Dioramas

La escritora, periodista y crítica de arte Beatriz Vignoli escribió el siguiente artículo que fue publicado en el diario Página 12 el martes 7 de octubre de 2025.

¡Gracias, Beatriz, por honrarnos con tu brillante pluma!

Fuente: Visiones de una íntima lejanía | Plástica. Dioramas, muestra individual de dioramas y video de Gustavo Goñi, en Local 15 | Página|12


Plástica. Dioramas, muestra individual de dioramas y video de Gustavo Goñi, en Local 15

Visiones de una íntima lejanía

El artista rescata artes menores del siglo XVIII y la memoria de su infancia. 

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Por Beatriz Vignoli

7 de octubre de 2025 – 00:00

Dioramas articula la sutil experiencia donde se cruzan la infancia y su futuro como en un sueño. 
Dioramas articula la sutil experiencia donde se cruzan la infancia y su futuro como en un sueño. . Imagen: Gentileza

¿Existe una palabra que nombre la nostalgia por lo que se anhelaba y no se tuvo? A lo mejor el idioma japonés tiene una. O el mapudungún. En inglés -verbo derivado de un apellido- existe “jonesing” (de ahí la generación Jones, los nacidos en los ’60) pero carga con un matiz despectivo. El arte contemporáneo sí, articula aquella sutil experiencia inefable donde se cruzan la infancia y su futuro, como en un sueño donde se vuelve a la casa familiar y se la encuentra extraña, vacía pero poblada de espectros que sin embargo nos resultan amigables. 

Concretamente, de eso se trata Dioramas, la muestra individual de dioramas y video de Gustavo Goñi que se podrá ver -entrever, divisar, avizorar, espiar- hasta el 7 de noviembre en la galería de arte Local 15, recóndito sitio atemporal en el local 15 del Pasaje Pan (Córdoba 957, Rosario), los martes y viernes de 16 a 19 o en horario a convenir (@local15pasajepan). Junto a las galeristas Silvana Galetto, Mónica Sparisci y María Silvana Curti; Luis Rodríguez como colaborador en la construcción de los objetos; el curador y montajista Roly Lo Giudice; la inspiración de sus hermanos Hugo y Chechu, y otros colaboradores, Gustavo Goñi logra crear unas burbujas oníricas. En una sala oscura, cada espectador se arrima a una serie de siete pequeñas cajas cúbicas, a diversas alturas, que a través de un orificio permiten atisbar un interior fascinante.  

Inventado en Londres en 1781 por Philippe Jacques de Loutherbour, el diorama hizo popular su teatro inmóvil como alternativa a los “panoramas”. La escena combina elementos tridimensionales y bidimensionales que con la ayuda de espejos, lupas y efectos lumínicos logran crear una suerte de visión materializada. 

Goñi recobra este formato para plasmar la surreal sensación de abrir un ojo a otro espacio alternativo, añorado, acaso perfecto, que desaparece cuando se apaga la luz. “El disparador de la idea fue un libro de religión donde se muestra, a través de una ilustración colorida, a un niño espiando a través de una cerradura de una puerta, tratando de ver qué hay mas allá”, cuenta el artista sobre su proyecto, en el que comenzó a trabajar en clínica de obra con Silvana Lacarra en 2021, y siguió con Leila Tschopp en 2024. “Estos relatos visuales me ayudan a transformar el pasado y a elaborar la partida del lugar que me vio nacer y crecer”, narra el fotógrafo y docente que a sus 18 años se vino a estudiar desde Totoras, la patria chica de la casa natal cuyos restos de naufragio (juguetes, o copias en diapositivas de fotos por su hermano Hugo, entre otras cosas) afloran aquí.

La casa, una de las obras en exposición en siete pequeñas cajas cúbicas.

Algunos de esos fantásticos mini interiores albergan un bibelot: el distinguido objeto decorativo de porcelana que imitaba el arte barroco tardío de fines del siglo XVIII, con sus niñitos y campesinas, sus inocentes mozuelos o perritos lanudos. Lejos de cualquier ironía kitsch, Gustavo Goñi carga de sentido alegórico estas piezas, algunas encontradas, otras buscadas y otras creadas recientemente en un taller de cerámica con Florencia Chapero. El autor elige qué reparar y qué no, qué fisura debería verse. Tal es el caso del séptimo diorama, “Después de la casa”, donde un estratégico espejo refleja la herida de la tacita. 

En otra de las obras, “La casa”, una casita idílica comprada en una juguetería se expande en la foto encontrada en el envase, invitando a contemplar el mundo ideal (el chalet suburbano, la familia tipo y el autito) con el que creció soñando la generación de sus coetáneos. Quienes a golpes de crisis tendrían luego que “correr la coneja”, coloquial metáfora de la vida precaria que en la obra de ese título deviene literal gracias a un motor que pone a girar (atrapados en su ciclo interminable) a dos conejitos, dos miniaturas repetidas de aquellas que los nostálgicos recuerdan como “los muñequitos del Jack”: el chocolatín con sorpresa de la industria de Felipe Fort, de las que Gustavo Goñi niño llegó a coleccionar unas 200 piezas. 

Licenciado en Bellas Artes y profesor de Artes Plásticas, graduado y docente en la Universidad Nacional de Rosario, el Goñi adulto dice de sí mismo en su bio: “Pasan los años en el estudio, los talleres, las muestras… y aún soy aquel niño que crea y combina lenguajes, el que busca la belleza escondida en las formas… Soy dibujante, también fotógrafo”, resume. 

Y al conectar aquella viñeta del niño santo, que espiaba por la cerradura de la iglesia en busca de lo sagrado, con estas mágicas cajas que ofrecen una visión en íntima lejanía, nos preguntamos si lo que busca Goñi no será también hacer poner el cuerpo a cada espectador en el lugar del fotógrafo, quien desde el otro lado del visor observa el mundo con curiosidad inagotable. (Más información en: https://gustavogoni.com/arte/). 

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